Los artículos periodísticos adquieren su verdadera dimensión, muestran lo que realmente quisieron ser, cuando se recogen en un libro ordenados y de nuevo relucientes. Entonces el lector advierte que lo que parecían inicialmente pensamientos desperdigados, ideas sueltas, retazos deshilvanados, constituyen en realidad un cuerpo coherente y sólido, una visión personal del mundo bellamente estructurada. La grandeza de lo escrito residirá luego en que el lector consiga hacer suya esa visión y sea capaz de identificarse con el edificio construido piedra a piedra durante meses o años. Recto y verso alcanza esa meta.
Al leerlo, uno siente la melancolía de tantos veranos perdidos y la dulce nostalgia de la amistad postadolescente.
Con las palabras de Miguel Ángel, el lector intuye que en los detalles es donde radica la explicación de todo cuanto nos rodea: la gracia de un beso o la denuncia por el deterioro de la sanidad pública pueden explicarse con unas pocas líneas salidas enérgicamente de la emoción más íntima.





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