Como un arqueólogo que indaga en las corrientes profundas de la historia y la migración, Jean Portante explora esos ámbitos sombríos que, al emerger a la luz, imponen su ley implacable a la humanidad.
«Lorenzo, inclinado en la ventana del vagón, agitó el pañuelo blanco que Bettina le había metido en el bolsillo de la chaqueta. Para qué, si los suyos se hacían cada vez más pequeños. Habría jurado que eran ellos quienes se iban. Ellos se iban y él se quedaba. Atrapado en una inmovilidad de la que se burlaban los campos y los bosques, las colinas y las montañas, huyendo, hacia el pasado. Dejándolo solo. Plantado en medio del tiempo».





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